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En video | Estremecedor testimonio de compañero de policías caídos en San José

En el lugar de los hechos, ciudadanos realizaron cadena de oración por las almas de quienes fallecieron.

A un costado del lugar donde murieron sus compañeros, sentado en una banca de cemento resquebrajada por el estallido de la bomba, el subintendente Alfonso Bolívar da la sensación de ahogarse en su propio llanto. Las pocas palabras que logra articular le salen untadas de lágrimas.

Bien pudo haber sido otro de los policías fallecidos, pero el sábado estaba de permiso. Expresa dolor por las vidas que se truncan, por el triste final de aquellos rostros jóvenes y vigorosos desfigurados por la muerte.

El lugar donde ocurrió todo se mantiene igual que tras la detonación, solo que sin los cuerpos de los afectados. Gran parte del mallado que cerca la pequeña cancha cedió ante la explosión. El puesto de salud contiguo está destrozado.

En el área quedaron dispersas gorras, pañuelos y manillas que fueron recogidas para improvisar un ritual con velas. En el centro había una dedicatoria escrita a mano sobre el pavimento y dos perros felices que fueron retratados en dibujo.

La pared que está detrás del subintendente Bolívar tiene varias grietas, en cualquier momento puede ceder. Él luce cabizbajo, le cuesta alzar la mirada. En un intento por reprimir el llanto, se aplasta las lágrimas apenas estas se asoman. “Somos seres humanos, tenemos nuestras familias, nuestros hijos…Ya no más”, exclama.

Frente a él, líderes cívicos, habitantes del barrio y miembros de la Red de Apoyo Ciudadano realizan una cadena de oración y lanzan mensajes de apoyo a los caídos. “No nos dejaremos intimidar. De esta vamos a salir todos, con fe y respeto por la vida. Jamás optaremos por el miedo y el odio, como hicieron quienes ocasionaron esta tragedia”, dice un señor por medio de un megáfono.

Sobre la carretera, 3 carros particulares amplifican a todo volumen una melodía fúnebre que retumba en todo el ámbito. En los rostros de quienes participan en el homenaje, las lágrimas se confunden con el sudor.

Foto: Juan Carlos Rocha.
Foto: Juan Carlos Rocha.
Foto: Juan Carlos Rocha.
Foto: Juan Carlos Rocha.
Foto: Juan Carlos Rocha.
Foto: Juan Carlos Rocha.
Foto: Juan Carlos Rocha.

Justo detrás de donde se lleva a cabo el ritual hay un árbol en el que se apoyan dos policías que lloran sin parar. También ellos se salvaron de morir en el atentado. Quizá la clave para asimilar este trago amargo está en las palabras del subintendente Bolívar: “Esto nos va a fortalecer más para seguir adelante”.

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José Oquendo

Comunicador social-periodista con énfasis político-económico egresado de la Universidad Autónoma del Caribe. Tengo experiencia en prensa escrita, medios digitales y radio.